Español Ansicht auf Deutsch

1898 – 1918

Die Gründung der Deutschen Schule Málaga im Jahre 1898

La colonia alemana en Málaga a finales del siglo XIX

(extraído del libro homenaje a la fundación del Colegio en Málaga en el año 1898; por Dr. Peter Bergmann, ligeramente modificado)

En el primer tercio del siglo XIX, los habitantes de Málaga tuvieron que luchar contra dos epidemias devastadoras: la fiebre amarilla y la cólera. En estas epidemias murieron miles de malagueños. No obstante, hubo un incremento en el desarrollo demográfico de la ciudad, ya que mientras que en 1834 Málaga tenía sólo 60.757 habitantes, en 1866 alcanzaba la cifra de 109.9881 habitantes. La razón de este aumento de la población se debió al comienzo de la industrialización, durante la cual se crearon muchos puestos de trabajo, lo que atrajo a muchas familias de zonas rurales hacia Málaga.

Entre 1860 y 1870 se crearon varios barrios obreros próximos a las zonas industriales en los que la gente vivía en condiciones infrahumanas y, a pesar de sus esfuerzos, las recién creadas sociedades de obreros no pudieron evitar que, como consecuencia de las miserables condiciones de vida, descendiera la tasa de natalidad y las estadísticas de mortalidad arrojaron cifras cada vez mayores. Por si esto fuera poco, un terremoto en 1884 y una nueva epidemia de cólera en 1885 devastaron la ciudad; muchos habitantes decidieron emigrar a otras provincias o a ultramar, especialmente a Argentina, Brasil y Cuba. Por esta razón, se explica la disminución del número de habitantes de 139.787 en 1887 a 136.193 en 1900.
En esta crítica situación económica los ediles pensaron que todavía se podía jugar una baza, es decir, el clima mediterráneo; no sólo para los extranjeros de las regiones del interior. Así se establecieron en estos años, sobre todo en Málaga y a los alrededores, pudientes pensionistas ingleses con el fin de mejorar la calidad de vida en la “tercera edad”. Cada vez más ingleses y alemanes fundaron en Málaga sociedades comerciales, centrando su actividad, sobre todo, en la exportación de productos de lugar, tales como vino, aceitunas, naranja y limones. Aunque estos comerciantes proporcionaron a los malagueños puestos de trabajo y a veces se casaron con mujeres de Málaga, surgió, poco a poco, un fuerte brote de xenofobia. Este brote partió en un principio del pueblo llano, al comprobar que un trabajador o empleado español, en una empresa dirigida por alemanes, percibía un sueldo inferior al del homólogo alemán. Este trato discriminatorio fue justificado por parte de la dirección, alegando que los españoles desconocían el idioma alemán. A tal efecto, un columnista de la revista “La Unión Mercantil” manifestaba en 1887 de un modo un tanto satírico:

“… Y en eso tiene ventaja a los malagueños; y es que el malagueño va a Alemania y aprende alemán con perfección suma en menos de tres años; y el alemán se pasa toda la vida en España y jamás sabe hablar y escribir con perfección nuestro hermosísimo idioma.”

Junto al miedo de una monopolización por los ingleses, holandeses y alemanes, surgieron perjuicios debido a la amenazadora infiltración religiosa extranjera. La nueva “inmigración fenicia”3 traía cada vez más protestantes a una región con profundas raíces católicas. A finales del siglo XIX la intolerancia no era ya tan grande como 70 años antes, cuando los cadáveres de los no católicos sólo podían ser sepultados en la playa. El cementerio inglés, que fue permitido a partir de 1831 en la cuesta de Gibralfaro sobre un “Campo Santo” gracias a la intervención del Cónsul inglés P. Marks, supuso sin lugar a dudas una señal de tolerancia de la Iglesia Católica española frente a los protestantes extranjeros.

Pero, sin embargo, la práctica religiosa para los miembros de las iglesias anglicana y luterana sólo era posible en condiciones complicadas. Así, no es una casualidad que, en Málaga, como antes en Barcelona y Madrid, la Iglesia evangélica influyera en gran medida en la cohesión de la colonia alemana y la fundación del Colegio Alemán.

El pastor Fritz Fliedner, que desde el año 1870 fue miembro decisivo en la creación de Madrid de la comunidad evangélica alemana y también en la fundación del Colegio “El Porvenir”, encontró a su llegada a Málaga en el año 1892, junto a familias alemanas de comerciantes, varios enfermos de pulmón que habían sido enviados a Málaga desde Alemania por sus familiares debido a las propiedades curativas del clima. Su preocupación por la salvación del alma de estos enfermos fue motivo por el que Fliedner envió a Málaga (febrero de 1893) al pastor Arndt para que fundara una comunidad evangélica. El pastor Fliedner comprendió, como predicador viajero, que también tenía que llevar una y otra vez la palabra de Dios ahí donde había alemanes, tanto en el sur de España como en Marruecos. Así, en el tomo 76 de sus “Hojas de España” cuenta de un viaje a Andalucía donde celebró muy cerca de Córdoba, un servicio religioso en una mina en la que trabajaban 40 alemanes al servicio de una empresa de Hamburgo y que a primeros del año 1895 hizo un viaje a Málaga para visitar al pastor Arndt y a su comunidad.

“En una espléndida noche de luna, no aquí sino sobre un soberbio caballo blanco, regresé a la estación del ferrocarril y desde ahí a Málaga para visitar a mi querido amigo el pastor Arndt. Pues se ha logrado, por fin, crear una pequeña comunidad. Todos los gastos de mantenimiento del pastor Arndt han corrido durante casi dos años por mi cuenta y son ya tantos que espero que a partir de ahora otros ayuden a sostenerlos.

Queridos comerciantes, que enviáis a vuestros hijos al extranjero, ¿tenéis tan poco interés que pensáis que éstos encontrarán en todas estas partes la palabra de Dios, así como los acogedores cuidados espirituales? Qué padre a quien le devuelvan un hijo del extranjero, íntegro en cuerpo y alma, no mete su mano en lo más profundo de su bolsa, da gracias a Dios por su misericordia y ayuda a crear una nueva comunidad en el extranjero.

La capilla en la que prediqué en Málaga es una de las más hermosas de España. Está situada en el centro del maravilloso cementerio inglés en medio de una vegetación tropical con vistas a un mar intenso tranquilo y profundamente azul; símbolo de la eternidad. Nuestros queridos hermanos ingleses han permitido que nuestra joven comunidad alemana utilice su iglesia en cambio de una pequeña remuneración, pues conocen las dificultades económicas con las que nos enfrentamos; que en tales circunstancias nuestros compatriotas no nos abandonéis. Nos da muchos ánimos que la comunidad alemana de Barcelona, que ha experimentado un gran desarrollo, ha visto cumplido su gran deseo de fundar un Colegio Alemán.”

Del informe del pastor Fritz Fliedner podemos destacar tres puntos: en primer lugar, descubrimos que ha pagado de su propio bolsillo el salario del pastor Arndt, por lo que hace un extraño y dramático llamamiento a los compatriotas de Alemania con el fin de salir de la calamitosa situación en la que se encuentra. El pastor Fliedner puede ser considerado el verdadero fundador de la comunidad evangélica alemana, así como de la colonia alemana en Málaga. Por otro lado, se desprende de su escrito que la Iglesia luterana en España llegó a recibir un gran apoyo de la Iglesia anglicana. Por último, es interesante destacar la alusión al ejemplo de la comunidad alemana en Barcelona. El Colegio Alemán de Barcelona había sido fundado un año antes, es decir, en el año 1894. Un año después, es decir en 1896, tendría lugar la fundación del Colegio Alemán de Madrid y dos años más tarde, en 1898, el Colegio Alemán de Málaga.

Según lo dicho, no es de extrañar que uno de los sucesores del pastor Arndt, el pastor Schumann, fundara este Colegio. A partir del 21 de abril de 1898 reunió en su casa particular a cuatro niños alemanes en edad escolar para impartirles clases en lengua materna. Al inscribirse en otoño ocho niños más, entre ellos dos del Cónsul Imperial Pries, tres padres decidieron fundar una asociación escolar que, conforme a los estatutos, quedaba bajo la supervisión del Consulado Alemán. Hizo las veces de Presidente de esta asociación escolar, Ernst Giersiepen, que había sido trasladado de Madrid a Málaga como Director de la nueva empresa (“Elektrische Betriebe-Berlin”) “Compañía Alemana de Electricidad” de Siemens-Halske. Ernst Giersiepen traía una experiencia rica adquirida al haber participado en el año 1896, como padre de dos niños, en la primera iniciativa para la fundación del Colegio Alemán de la comunidad alemana en Madrid, pues había pertenecido el primer año a la Junta Directiva del Colegio. Ernst Giersiepen, de común acuerdo con el Cónsul Pries, y junto con P. Gagel, un conocido exportador de vino, el tesorero, y con J. Weeler, el secretario, redactó el 13 de junio de 1898 el siguiente escrito al Embajador Imperial alemán en Madrid, el Sr. von Radowitz.


Las escrituras de fundación

“Excelencia:

Habiendo observado que en Málaga hay varias familias cuyos nombres son de origen alemán, pero su mentalidad y sentimientos son por completo de carácter español, estando sus padres todavía inscritos como súbditos alemanes en la lista del Consulado Imperial de esta ciudad y habiéndose naturalizado los hijos mayores españoles, nosotros nos hemos unido y hemos creado en Semana Santa de este año un Colegio Alemán. El cometido de nuestro Colegio Alemán es el que los niños y las niñas alemanes reciban una sólida educación nacional a través del idioma alemán y del espíritu germano hacia la patria, despertando y manteniendo en ellos el amor al Kaiser y al Imperio.

Este Colegio está destinado a niños y niñas de 6 a 14 años de cualquier religión y posición social. La enseñanza de la religión es facultativa. En la actualidad las clases son impartidas por el pastor de la comunidad evangélica alemana; sin embargo, esto no será factible a la larga, pues ya en este momento se imparten al mismo tiempo dos niveles en la misma aula y para otoño de este año han sido inscritos en el Colegio ocho alumnos nuevos y el próximo año varios niños alemanes estarán en edad escolar. Por esta razón nos vemos obligados a contratar, a la mayor brevedad posible, un profesor o profesora alemanes como profesor adjunto. Como se desprende del presupuesto adjunto, nuestra pequeña colonia, por sí sola, no está en situación de conseguir los medios necesarios. Por este motivo nos permitimos exponer a Vuestra Excelencia cordial y respetuosamente la petición de que interceda favorablemente ante el señor Canciller Imperial para que se digne concedernos una subvención de 1200 Marcos de los Fondos del Imperio destinados a la enseñanza.

Málaga a 13 de junio de 1898
Fdo. Ernst Giersiepen, Presidente
Paul Gagel, Tesorero
Weeler, Secretario

A su Excelencia
el Embajador Imperial alemán Sr. von Radowitz
Madrid”

El 26 de junio de 1898 el Sr. von Radowitz dio curso a la carta precedente, intercediendo a favor, en la que solicitaba una subvención financiera a través del Consulado Imperial de la provincia de Madrid al Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín.

En el escrito del agregado cultural del Consulado se muestra el argumento expuesto por Giersiepen de que el Colegio Alemán de Málaga puede servir para mantener y consolidar el espíritu alemán en la ciudad.

“Málaga debería tener la colonia más próspera de España. Las primeras empresas comerciales de lugar de exportación, banca, flete y expedición de mercancías por mar tienen nombres alemanes, en algunos casos, desde varias generaciones; pero los propietarios son, salvo excepciones, españoles tanto en su forma de ser y estas familias, que en su día fueron alemanes, han sido perdidas definitivamente para Alemania. Tan sólo desde hace muy poco tiempo datan los planteamientos para una recuperación.”

En este escrito se hace referencia a dos instituciones conectadas entre sí, evangélica y el club “Germania”, que habían asumido la representación de la colonia alemana en ciertos acontecimientos destacados, tales como, por ejemplo, la visita del buque de guerra alemán o de los clubes de gimnasia alemanes

“… que los visitantes alemanes se lleven la impresión de un grato espíritu patriótico en la colonia.”

Luego sigue una frase determinante con la que se espera causar una impresión positiva en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín:

“…. Un Colegio Alemán será, en efecto, el complemento indispensable en esta estampa colonial, a fin de que los hijos de esta gente, que en su mayoría tienen o tendrán españolas como mujeres, no vuelvan a perder el espíritu alemán.”

Esta argumentación sólo se entiende desde el espíritu de la época, en la que la noción de desencanto con la cultura del país anfitrión no era entonces importante. Más modernas suenan las frases en las que el funcionamiento del Consulado se alarma por la “paridad religiosa” en el Colegio Alemán de Málaga, al ser un pastor evangelista el que imparte las clases. El funcionario advierte de este hecho, pero es tranquilizado por el Cónsul Príes que le había asegurado:

“… Que el pastor Schumann es muy tolerante y no hay que temer ninguna influencia del Colegio en sentido propagandístico por su parte.”

Die Gründungsurkunden 1898

El 10 de noviembre de 1898 el Ministerio de Asuntos Exteriores confirma la petición de la Junta Directiva del Colegio para la subvención financiera de los Fondos del Imperio destinados a la enseñanza. Con esto se establece la base de un mecenazgo financiero estatal, sin el cual ningún Colegio Alemán en el extranjero hubiera podido subsistir. Siendo este documento de gran importancia, ha sido fotocopiado y, asimismo, ha sido transcrito de nuevo:

Duplicado:

Ministerio de Asuntos Exteriores
Berlín a 10 de noviembre de 1898.

Su Majestad, el Kaiser Imperial, tiene a bien aprobar que se prolongue al Colegio Alemán de Madrid para 1898/1899 la cantidad de 4.500 Marcos “cuatro mil quinientos Marcos” y al Colegio Alemán de Málaga la cantidad de 1.200 Marcos “mil doscientos Marcos” del presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores, para el uso fijado.

Ruego hagan efectivo estas sumas a las juntas directivas de los Colegios y mediante documento acreditativo especial y presentación del recibo de “acuse de recibo” se reembolsen dichas sumas de la caja de la Legación.

El Canciller Imperial, p.o. Fdo. Hellwig
Al nobilísimo encargado de Negociado Imperial, Barón von Telfried auf Buttenheim
Madrid

Con este pago de 1.200 Marcos Imperiales se confirmaba oficialmente la fundación del Colegio, pues a partir de ese momento el Ministerio de Asuntos Exteriores efectuó anualmente pagos a la Junta Directiva. Ésta, de inmediato, dio las gracias por la primera subvención en escrito de fecha 8 de diciembre de 1998 dirigido al Embajador von Radewitz:

“… La Junta Directiva se permite con este motivo pedirle que tenga a bien transmitir nuestras más respetuosas gracias al Ministerio de Asuntos Exteriores por haberse hecho cargo de la subvención.”

De este escrito se desprende el orgullo de los miembros de la Junta Directiva por el éxito de la aprobación. Entre los documentos del archivo político del informe comercial de Málaga sobre el año 1898, fechado el 29 de marzo de 1899, se encuentra un extracto en el que se cita como un hecho destacable la fundación del Colegio Alemán de Málaga.

“De la colonia alemana, que con cerca de 130 almas es la más numerosa tras la inglesa, cabe destacar, en el informe anual, el hecho grato de la fundación de un Colegio Alemán, que ha sido posible gracias a una subvención concedida por el Imperio.”

Estatutos del Colegio recién fundado

Estatutos del Colegio recién fundado

Ya el 3 de abril de 1898, es decir, medio año antes del reconocimiento por el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín, la Junta General de la comunidad escolar de Málaga había redactado unos nuevos estatutos.

Al ser unos documentos históricos son reproducidos a continuación: (disposiciones generales para el Colegio Alemán en Málaga, 1898).

El texto anterior comparado con los Estatutos actuales del Patronato del Colegio da la impresión de ser muy moderado. Llama la atención que -según las ideas expuestas en los documentos de la fundación- el único idioma de la enseñanza es el alemán y que los niños no alemanes serán admitidos sólo en casos excepcionales. En comparación con el sistema actual de vacaciones los alumnos tenían en aquella época muchas más vacaciones en verano que hoy día; de mediados de julio al día 1 de octubre. El motivo de ésto debía ser la duración de los viajes de ida y vuelta a la patria. Actualmente los niños con sus padres pueden estar, al cabo de dos horas y media de avión, en cualquier ciudad alemana; mientras que en aquellos tiempos se tardaba en el viaje Málaga-Hamburgo en un barco de vapor ocho días completos. Por eso las vacaciones de Navidad y de Semana Santa estaban limitadas a tan sólo cinco días.

En lugar de los habituales “puentes” actuales, los niños disfrutaban en el año 1898 de cortos periodos de vacaciones, cuando el pastor Schumann, como único Profesor y Director del Colegio, hacía sus viajes; se trataba de viajes oficiales a otras comunidades alemanas en Andalucía y Marruecos.

No es de extrañar que sólo pudieran ser nombrados hombres en la Junta Directiva en aquella estructura social patriarcalista.

El desarrollo del Colegio hasta el fin de la Primera Guerra Mundial

Los edificios

En los documentos del Archivo Político del Ministerio de Asuntos Exteriores no existen fotografías de estos edificios. Afortunadamente, ni el nombre de las calles ni los números de las casas han cambiado hasta hoy día, por lo que el autor ha podido identificar los edificios y fotografiarlos en marzo de 1998, año del centenario. Las fotografías están insertadas en el siguiente texto para su identificación.

En todos los informes anuales se lamenta la situación de que la enseñanza se imparta en habitaciones alquiladas y se tiene la esperanza de que pronto el Colegio tenga su propio edificio. Principalmente, porque la clase de gimnasia estaba sometida a fuertes limitaciones, pues durante mucho tiempo no hubo disponible ningún campo de deporte y, por ello, los alumnos tuvieron que hacer gimnasia en el aula. En el año escolar 1900/1901 las clases de gimnasia se limitaban al aire libre

“en la que los niños jugaban en el recreo”.

Los reiterados cambios de domicilio en busca de un nuevo local escolar tenían diversos motivos; bien las habitaciones anteriormente alquiladas se habían quedado pequeñas debido al aumento del número de los alumnos, bien el contrato de alquiler era rescindido por el propietario.

Durante el primer año el padre Schumann había alquilado algunas habitaciones en un edificio de la calle Císter, justo al lado de la Catedral. Al parecer, la mayoría de los miembros de la colonia alemana tenían sus negocios y sus domicilios en el centro, muy cerca del puerto.

Mediante los informes anuales se puede seguir el rastro a los edificios alquilados durante los primeros años. En el siguiente plano de la ciudad se puede ver que estos alquileres siempre se producían cerca del puerto.

La ubicación del Colegio, una por una, está señalada respectivamente con números. Se puede comparar, a tal efecto, con el siguiente resumen:

La evolución del número de alumnos y la estructura escolar

De los informes de la Junta Directiva del Colegio presentados periódicamente por Semana Santa por la Junta General del colectivo escolar y que acto seguido eran impresos y enviados al Ministerio de Asuntos Exteriores se puede ver con precisión la evolución del número de alumnos.

Dejemos, por ahora, que hablen los números objetivos de la estadística:

Estos números por sí solos no nos dicen mucho, por lo que requieren una interpretación. En 1901 había solamente cuatro alumnos -dos niños y dos niñas- en el Colegio elemental (hoy día 3º de Primaria). Los 10 alumnos restantes estaban en el primer grado (1º y 2º de Primaria). De esta manera se consolidaba el Colegio Primaria prevista ya en los Estatutos de la Fundación.

Hasta el año 1907, nueve años después de su fundación, el Colegio fue ampliándose hasta la “Obertertia” de la enseñanza media (hoy día 3ª de la ESO). De este modo, los jóvenes se preparaban para poder ingresar en el Colegio secundaria y las chicas en el Liceo de señoritas de la Patria. Cuando el 21 de abril de 1908 el Colegio conmemoró los 10 años de su existencia fue presentada la siguiente estadística de alumnos:

Del cuadro estadístico anterior se puede sacar interesantes observaciones:

Más de un tercio de los alumnos no son de origen alemán y, así, el objetivo expresado en los estatutos de la fundación de admitir a niños de otros países sólo en casos excepcionales, 10 años más tarde -debido también a razones financieras- había desaparecido. Desde un punto de vista actual, este hecho merece una interpretación positiva, pues, con un total de 11 alumnos españoles (aproximadamente una cuarta parte del total de alumnos) se echaba a andar hacia un Colegio como el actual, no sólo para alumnos alemanes sino también para alumnos del país anfitrión. Sólo algo más del 16% de los alumnos son de confesión evangélica por lo que el destacado compromiso de la Iglesia evangélica en la organización del Colegio no se refleja en una proporción excesiva de alumnos protestantes. La falta de personal docente hace que se agrupen en una misma aula más de un curso.

Es digno de mención la distribución de las asignaturas por cursos que también se refleja en el mismo informe: de las 150 horas de clase semanales al menos 24 se imparten en un idioma que no es el alemán. Este hecho parece haber decidido a la Junta Directiva a redactar una nota autocrítica: el que se quiera “admitir a niños de otras nacionalidades sólo es un número muy reducido y mediante una selección escrupulosa”.

Se puede suponer que estas líneas constituyen una réplica a la crítica manifiesta en la colonia alemana. A disminuir en el año escolar 1909/1910 el número de alumnos dramáticamente a 30, el Consulado Imperial alemán de Málaga recibió una interpretación confidencial del Cónsul General Imperial alemán para España con sede en Barcelona:

El 7 de mayo de 1910 el administrador del Consulado Imperial de Málaga contesta la chocante y amenazadora interpelación con la alusión de que el Colegio, de hecho, ha sufrido una crisis difícil que amenaza con afectar a la empresa en sus cimientos. Sin embargo, las razones de esa crisis eran, en el fondo, de naturaleza privada y que el Colegio podría ahora mirar con satisfacción el futuro bajo una nueva Junta Directiva. El funcionario, sin embargo, no aborda el tema de que el número de alumnos no alemanes en el Colegio Alemán es demasiado alto.

Parece como si hubiera tenido un don de clarividencia, pues, en realidad, el número de alumnos hasta el año 1913, aumentó muy satisfactoriamente; tras la creación de un Jardín de Infancia en el año 1912 había a finales del curso escolar 1912/1913 en total 76 niños en el Colegio Alemán.

Las estadísticas muestran, sin embargo, que el porcentaje de alumnos alemanes incluso es más reducido y que el número de aquellos que representan otros países, por el contrario, es mayor. Además, esta estadística refleja algo muy sorprendente: el Colegio Alemán de Málaga se ha convertido, un año antes del comienzo de las hostilidades de la Primera Guerra Mundial en un Colegio internacional en el que los niños, de naciones que pronto serán enemigos encarnizados del Deutsche Reich, conviven y estudian en total armonía con alumnos alemanes.

¿A quién le sorprende que, precisamente por esto, estallara el conflicto a partir de abril de 1912, sobre todo, por el número de alumnos franceses?

Los cinco alumnos franceses que reflejan la estadística del ejercicio escolar 1912/1913 son un índice de que la colonia francesa en Málaga estaba experimentando un aumento. La Junta Directiva y la Dirección del Colegio Alemán se encontraron, por esta razón ante la siguiente pregunta:

Seguir admitiendo alumnos franceses y con ello fortalecer la influencia de los padres de los alumnos franceses o proceder, a este respecto, restrictivamente y obligar con ello a la colonia francesa a fundar un Colegio propio o dicho de una forma más concisa: ¿convivencia pacífica y colaboración o rivalidad de dos Colegios?

Del material del archivo se desprende que este dilema creó también un conflicto entre la Junta Directiva y la Dirección del Colegio de una parte y del Consulado Imperial de otra. En su escrito de 23 de abril de 1912, la Junta Directiva resume su argumentación a favor de una inscripción de alumnos alemanes y franceses:

Del escrito enviado por la Junta Directiva al Ministerio de Asuntos Exteriores, a través del Consulado General Imperial en Barcelona, se desprende que el punto primordial de la fundación del Colegio era fomentar casi exclusivamente a los niños alemanes en su lengua materna y no el de retroceder en favor de una expansión del Colegio. Por supuesto, la Junta Directiva confiaba obtener un incremento mayor el número, así como un aumento de la subvención del Imperio Alemán, pues al final de dicho escrito se solicitaba la aprobación para el ejercicio 1912/1913 de 6.000 Marcos, es decir, un importe de cinco veces superior al de 1898.

Los tres interrogantes, escritas a mano, que el Cónsul Frömke anotó al margen del escrito de la Junta Directiva muestran claramente que los planes encontraron una considerable resistencia en la representación en el extranjero (Consulado).

El 26 de abril de 1912, en una nota confidencial, Frömke ataca también los planes de la Junta Directiva enérgicamente. Se observa, en particular, el ataque personal al entonces Presidente de la Junta, el Dr. Brausewetter, un antiguo médico militar. Los escritos producidos muestran dos aspectos fundamentales sobre el problema que podrían aplicarse a la enseñanza alemana en el extranjero:

El Colegio está siempre en el punto de intersección de las líneas de la política internacional: así, en opinión del Cónsul Imperial de Málaga no se puede admitir que siendo Francia enemigo mortal de los alemanes, sus hijos sean instruidos en el Colegio Alemán a costa de los contribuyentes alemanes. Un Colegio en el extranjero está más sometido a la influencia de la política del lugar que otro en el propio país. Así, la representación en el extranjero y la Junta Directiva andan enzarzados en el conflicto polémico antes descrito en el que al parecer también juega un papel destacado la antipatía personal.

El Cónsul Frömke acertó plenamente al opinar que, a la larga, no se podía evitar la fundación de un Colegio francés; poco después los niños franceses iban a su propio Colegio, que hoy aún existe en el centro de Málaga.

La Junta Directiva y la Dirección del Colegio consiguieron, por cierto, aumentar hasta finales del año escolar 1913/1914 el número de alumnos hasta 89, pero entonces sobrevino un descenso espectacular con el comienzo de la Primera Guerra Mundial el 1 de agosto de 1914, que D. Wilhelm Koethke, Director del Colegio, lo resume así en su informe del año escolar 1914/1915:

“El año 1914/15 muestra un descenso considerable. Con el estallido de la guerra nos abandonaron casi todos los niños de las colonias extranjeras. Incluso familias españolas se vieron obligadas a retirar a sus hijos por diversas razones. Esto no nos debe sorprender y tampoco desanimar.”

Entre los 52 alumnos a finales del año escolar 1914/1915 se encontraban, además de 21 españoles, cuatro ingleses, un americano y un mejicano. Es sorprendente la presencia de alumnos ingleses, pues el imperio alemán se encontraba desde el 4 de agosto de 1914 en guerra con Inglaterra.

El 1 de abril de 1917 había un total de 49 alumnos, entre ellos 18 alumnos españoles, dos austriacos y tres holandeses.

Mientras que el Director, el Sr. Koethke, se había mostrado comprensivo, tras el primer año de guerra, por la anulación de inscripciones de los niños no alemanes se mostraba ahora por ello amargado:

“El descenso en los años de la guerra de 89 alumnos (1914) a 49 (1917) está en relación directa con la lucha económica en Málaga contra todo lo alemán, propiciada por los representantes responsables de los países enemigos. Si al comienzo de la guerra, en diferentes ocasiones, los padres de los alumnos españoles habían alegado motivos económicos para la anulación de la inscripción, ahora se alega, sin reservas, la lista negra como motivo.”

Estas frases hablan por sí solas de la dificultad del Director del Colegio que se esfuerza, desesperado, por mantener a pesar de los escasos ingresos, una enseñanza, hasta cierto punto, ordenada.

A pesar de la situación económica, cada vez más difícil, el Colegio Alemán de Málaga mantuvo, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, su experimentado concepto pedagógico, que el Director, el Sr. Koethke, en su informe escolar del 19 aniversario (1916/17) transcribió de la siguiente manera:

“Nuestro objetivo era mantener las clases separadas aun cuando hubiera tan sólo cinco alumnos en el curso. Vemos en ello una base importante de la existencia del Colegio en el extranjero, que sólo puede trabajar con éxito si la clase se agrupa directamente alrededor de su profesor. Lo que conseguimos personalmente frente a frente con nuestros alumnos, día a día y hora a hora, en materias docentes concretas es, ante todo, lo primordial. En el Colegio en el extranjero tenemos que arreglárnoslas esencialmente por nosotros mismos, y eso es lo que hacemos personalmente entre las cuatro paredes de nuestra escuela.”

Estas frases del Sr. Koethke suenan sorprendentemente modernas, pues, aunque los Colegios alemanes en el extranjero han sido mejorados en su dotación externa en el siglo hay que recalcar que la prioridad del esfuerzo personal de cada profesor es lo más importante.

PERSONAL: Consulado, Junta Directiva, Dirección, Profesorado

Del capítulo precedente se desprende que D. Wilhelm Koethke, que desde 1910 se había hecho cargo de la Dirección del Colegio, tienen el mérito especial de que el Colegio Alemán de Málaga soportara los años más difíciles en sus 20 años de existencia sin perder su prestigio y reputación.

Consulado

1898-1909

El Cónsul Imperial, D. Alfred Pries, perteneció durante 11 años a la Junta Directiva del Colegio como Presidente Honorario. Había apadrinado al Colegio en su fundación, y en otoño de 1898 había inscrito a sus propios hijos en él. De toda la correspondencia se desprende que el Cónsul, el Sr. Pries, intervino con toda su energía en la fundación y legalización oficial del Colegio. Desde el año 1906 llevó el título de Conde. D. Alfred Pries murió el 13 de julio de 1909.

Es recordado en el prólogo de la memoria del año 1909/1910:

“con su muerte hemos perdido un fervoroso patrocinador de nuestro Colegio y todos nosotros le guardaremos siempre un respetuoso recuerdo.”

El Ayuntamiento de Málaga, en su recuerdo, da el nombre de Avenida de Pries a la calle que pasa por debajo del cementerio inglés. Con ello se hacía justicia, pues el cementerio de San Miguel era, en aquel tiempo, el punto de reunión de la colonia alemana ya que en la Iglesia de estilo greco-romano del cementerio inglés celebrada sus bodas, bautizos y confirmaciones.

1909/10

El año escolar tras la muerte del Cónsul, Sr. Pries, el administrador del Consulado, el Sr. A. Kaibel, desempeñó las funciones de Presidente Honorario.

Desde 1910:

A partir de septiembre de 1910 se hizo cargo de la función de Presidente Honorario el recién nombrado Cónsul Imperial, D. Rudolf Frömke. En el informe anual de 1900/01 aparece ya su nombre como tesorero y a partir de entonces se le menciona regularmente en las listas de benefactores. Los documentos de archivo lo describen como una persona muy influyente y sumamente comprometida con la función de Presidente Honorario, interviniendo más a fondo que su predecesor, el Sr. Pries, en los asuntos corrientes del Colegio.

Esto no sólo se pone de relieve en la carta, en lo referente a la admisión de alumnos franceses, sino que el Sr. Frömke también mantuvo una dura polémica, en abril de 1917, contra la Junta Directiva cuando ésta quería abandonar el edificio alquilado en la calle Trinidad Grund, número siete, para adquirir en el Círculo Mercantil “casas de madera” como lugar escolar, en las proximidades del puerto. El Sr. Frömke solicita en su carta del 29 de abril de 1917, al Ministerio de Asuntos Exteriores, a través de la Embajada Imperial de Madrid, que deniegen el proyecto, pues sólo se podrá decidir al respecto, al término de la guerra, “qué rumbo puede seguir la futura evolución del Colegio”. Al final de su carta se percibe, no obstante, que está preocupado, quizás por motivos egoístas:

“además, no he notificado, por mi parte, a la Junta Directiva mi parecer para que no se me tilde precisamente de parcial en este asunto, al ser copropietario de la casa en la que se encuentra el Colegio”.

En resumen, puede decirse que D. Rudolf Frömke desempeñó, más a conciencia su función de supervisión frente a la Junta Directiva que D. Alfred Pries.

Sea como fuere, en la citada polémica con la Junta Directiva, el Sr. Frömke salió victorioso, pues sólo el año 1930, el Colegio Alemán se trasladó del edificio de la calle Trinidad Grund número siete a la calle Goethe en el Limonar.

Junta Directiva

Según el artículo nueve de los estatutos del Colegio reproducidos anteriormente, la Junta Directiva estaba integrada por cinco hombres alemanes de la comunidad escolar, por el Cónsul Imperial alemán como Presidente Honorario y por el Director del Colegio como miembro consultativo y con derecho a voto.
Sería largo enumerar a todos los miembros de las diferentes Juntas Directivas de los primeros años; no obstante, deben ser nombrados, cuando menos, los presidentes de los 20 primeros años:

• 1898-1900: E. Giersiepen
• 1900-1902: R. Weger
• 1902-1906: D. Wankel
• 1906-1908: R. Frömke
• 1908-1910: R. Frömke
• 1910-1918: K. Dörr

La correspondencia, que de los documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores se han extraído, muestra que la Junta Directiva estuvo especialmente muy activa en todas las cuestiones de financiación de las necesidades del Colegio. Por contra, la gestión pedagógica parece haber estado exclusivamente en manos del Director. En los informes anuales se enumeraban periódicamente las contribuciones de los miembros de la comunidad escolar que la Junta Directiva tenía que recaudar.

Como ya se ha mencionado anteriormente, la principal preocupación de la Junta Directiva era la adquisición de un edificio escolar propio para terminar con los pagos continuos de alquiler. En la lista publicada anteriormente aparece el nombre de D. Ernst Kusche.

Este comerciante de Lubeck sería el que, junto con su mujer, patrocinaba en 1930 la adquisición de la “Villa Lidia” en el Limonar.

La Junta Directiva del Colegio Alemán de Málaga tiene el inmenso mérito de haber controlado y dirigido el “barco escuela” a través de todos los peligros con mano segura, disfrutando de este modo los alumnos de una época feliz y favoreciéndose de una óptima situación.

Dirección y Claustro de Profesores

Como se ha mencionado ya en el capítulo sobre la fundación del Colegio, fue el pastor Schumann el primer Director del Colegio, el cual impartió a la vez las primeras clases. Por mediación de la “Asociación General Escolar Alemana para el mantenimiento del carácter alemán en el extranjero” el Colegio recibió, al poco tiempo, un segundo profesor agregado, el Sr. K. Richter de Oberglogau. Además, en los primeros años, la Srta. Heindel, una alemana nacida en Málaga, impartió clases de alemán y español para extranjeros y, asimismo, se encargó de la clase de “Labores” para las niñas.

Los profesores eran contratados, en la mayoría de los casos, por sólo dos años por lo que el cambio en el claustro de profesores y en la Dirección del Colegio fue notable.

Para mejor orientación, por ahora, se citan tan sólo los directores de los 20 primeros años:

• 1898-1900: Pastor Schumann
• 1900-1903: Pastor Elfert
• 1903-1910: W. Rambacher
• A partir de 1910: W. Koethke

El profesor de Geografía, Historia e Historia Natural, W. Rambacher sustituyó así al segundo pastor protestante en 1903 y fue reemplazado por W. Koethke, que ya había enseñado en Educación Primaria de 1903 a 1905.

La biografía de Koethke, escrita por G. Lepiorz en el Anuario del Colegio Alemán de Málaga de 1980, muestra que el nuevo Director había realizado un minucioso trabajo de preparación tanto en cuestiones lingüísticas como pedagógicas. Todos los testigos contemporáneos, a los que recurrimos, se mostraron entusiasmados por la calidez de la atención personal que sintieron por parte de su Director.

El Sr. Koethke era Director en el año 1912/13, el año con mayor número de alumnos, con el siguiente claustro de profesores:

• Heinz Mohr, profesor
• Friedrich Mörck, profesor
• Rafael Martin, Presbítero
• Hedwig Prüfer, profesora de ciencias
• Anita Hohmann, profesora
• Malwina Heindel, profesora de labores
• Caroline Anraths, asistente pedagógica

De las numerosas anotaciones del Director del Colegio, en el referido informe anual, se desprende que ya en aquella fecha el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín cubría las bajas de los puestos de los profesores.

Contenido de las asignaturas y objetivos docentes

Comparados con los actuales programas de estudio y de materias parecen bastante modernos en lo referente a la metodología y la didáctica. Así, la enseñanza de los idiomas modernos ya se realizaba totalmente en un solo idioma, sin traducciones. En alemán llama la atención la práctica constante en el dominio de la lengua escrita. El Sr. Koethke propone que la clase IV (hoy segundo de la ESO) realice 15 redacciones y 40 dictados. Si se supone que con este gran número de ejercicios en el arte de escribir se consiguió el objetivo deseado, entonces los alumnos habrán tenido grandes ventajas a lo largo de su vida. Los profesores se esforzaban también, por este motivo, en fomentar la creatividad de sus alumnos. Así, en la clase de dibujo se estimulaba a los alumnos a realizar trabajos dirigidos hacia una actividad creativa y libre, y las chicas en gimnasia eran acompañadas con música en las evoluciones de los movimientos.

Cuando los temas de estudio, así como los objetivos expuestos en el informe anual eran cumplidos en su totalidad, aquellos alumnos que se trasladaban a escuelas de su patria hasta deben haber sido superiores a sus nuevos compañeros de clase en lo referente a saber razonar por sí mismos.

En el mencionado informe anual, el Director del Colegio, Sr. Koethke, resume sus objetivos pedagógicos de la siguiente manera:

“Así, confío se logre lo que es nuestro firme anhelo, es decir que se desarrollen los conocimientos del raciocino, así como la facultad de enjuiciar la realidad de un modo autónomo y propio, y que éstos no queden apresados por la sobrecarga de los conocimientos aprendidos de memoria.”

Si se lee esta frase detenidamente, se comprende el porqué del prestigio del Colegio Alemán de Málaga era tan bueno. El Colegio tenía un perfil claro que se inspiraba en el concepto creado por los antiguos sobre el desarrollo de una personalidad armónica y autárquica.

Acontecimientos especiales en este periodo de tiempo y su incidencia en la vida del Colegio.

La crónica de un Colegio no puede ser redactada al margen de los acontecimientos históricos de la época, ya que los alumnos y alumnas sienten sus efectos de una manera evidente en su pequeño cosmos.

Así, los alumnos del Colegio Alemán -como sus condiscípulos en la patria- vivían el 27 de enero de cada año, el hecho de que el Imperio Alemán tenía una constitución monárquica. Según el reglamento, los profesores y alumnos se reunían “en el local del Colegio adornado con banderas, palmas y flores” para conmemorar el cumpleaños de su Majestad el Kaiser. A continuación de esta celebración los profesores y los niños daban un paseo por los alrededores.

Se organizaban, principalmente, excursiones al puerto cuando estaban anclados barcos de guerra o barcos escuela alemanes y ahí los niños eran agasajados cordialmente por los oficiales y por la tripulación competente.

Una de estas visitas estuvo marcada por un trágico accidente, a saber, la visita del barco escuela de vela “Gneisenau”. En la memoria anual del año 1900/1901 se lee al respecto:

Tras el escueto informe se oculta la horrible catástrofe del velero de tres mástiles en el que desde 1879 se habían formado numerosos marineros y oficiales. El gran barco de vela que estaba anclado en el puerto de Málaga a 800 m delante del muelle fue destrozado el domingo 16 de diciembre de 1900 por uno de los peores temporales que jamás hayan azotado a esta región.

“Como un juguete, el “Gneisenau” era levantado por las gigantescas olas que con violenta fuerza se aproximaban a la ciudad. Antes de que la tripulación tuviera tiempo de dar las señales luminosas de socorro, se rompieron uno tras otro los dos anclajes. En esta desesperada situación se decidió -sobre las 11:30 de la mañana- lanzar al agua los botes de salvamento, los cuales, a merced de las enormes olas, fueron arrastrados y destrozados contra las rocas de la cercana costa, sepultando bajo ellas a todos sus ocupantes que no pudieron hacer nada para evitarlo.

Entre tanto el comandante, el Sr. Kretschamann, seguía manteniendo su puesto en la cubierta del barco mientras el “Gneisenau” se acercaba imparable hacia el malecón del puerto. Sin embargo, tras aproximadamente dos horas de una lucha desesperada, el velero fue empujado contra las rocas, situadas delante del puerto, hundiéndose en pocos minutos y arrastrando con él al capitán y a muchos miembros de la tripulación, quedando tan sólo visibles sobre las olas los tres mástiles. El “Gneisenau” se había convertido en un gigantesco ataúd”.

Los dramáticos sucesos de esta catástrofe marítima hicieron que la colonia alemana en Málaga, durante un corto espacio de tiempo, fuera el centro de la atención mundial; primero al ser inhumados las 41 víctimas en el cementerio inglés. Más tarde cuando el Kaiser Guillermo II se dirigió al pueblo de Málaga, el día 3 de junio de 1901, dándole las gracias oficialmente por la gran ayuda prestada, pues numerosos malagueños perdieron la vida, intentando rescatar a los náufragos.

Siete años más tarde, en la noche del 23 al 24 de septiembre de 1907, Málaga sufrió una devastadora inundación, al salirse el río Guadalmedina de su cauce. Al estar situado el edificio del Colegio, en aquel tiempo, en el Pasillo de Atocha número 4, muy cerca del río, el Director, el Sr. Rambacher, tuvo que suspender las clases y darles vacaciones a los 22 alumnos puesto que durante varios días a éstos les fue imposible acceder a el Colegio.
Para la población de Málaga los efectos de esta inundación fueron mucho peores, pues todo el centro de la ciudad quedó inundado por el agua. En Alemania se recordó entonces la ayuda abnegada de los malagueños en la catástrofe del Gneisenau, por lo que la colonia alemana, bajo el patrocinio del Kaiser Guillermo II, ayudó al Ayuntamiento en la reparación de los daños causados por la inundación. El puente de hierro de Santo Domingo que había sido destruido por la inundación fue reconstruido, con la ayuda de unos fondos de la colonia alemana, y el 16 de diciembre de 1909, el aniversario del hundimiento del Gneisenau, en un acto solemne le fue entregado a la ciudad. La placa conmemorativa colocada en el puente nos trae a la memoria los trágicos acontecimientos del 16 de diciembre de 1900:

“Alemania donó a Málaga este puente, agradecida al heroico auxilio que la ciudad prestó a los náufragos de la fragata Gneisenau. MCM-MCMIX.”

No todos los hechos acaecidos en los años siguientes fueron tan sensacionales y espectaculares como los acontecimientos narrados. Al año siguiente, en 1910, Málaga parece haber sido atacada por varias enfermedades y epidemias por lo que en el mes de febrero faltaron a clase entre un 60/70% de los alumnos.

En los años 1911 a 1913 parece aumentar la influencia cinematográfica especialmente entre la población malagueña, por lo que el Director del Colegio, el Sr. Koethke, se inquieta por sus alumnos: “Rogamos a los padres observen una cierta selección de las proyecciones y nos ayuden a conseguir con su esfuerzo, una vida afectiva pura y armónica.”

A este respecto, el Sr. Koethke advierte también sobre la asistencia a las corridas de toros, así como sobre la lectura de historias policíacas.

Desde el punto de vista de aquel tiempo, se intentaba, de este modo, evitar que los niños fueran estimulados en exceso por alicientes exteriores –una consideración que nos es muy familiar hoy día.

Por contra, los profesores aparentemente no se escandalizaban de que, durante los años de la Primera Guerra Mundial los alumnos jugaran a la guerra en las excursiones. Esto sólo puede explicarse por la identificación de los alemanes en el extranjero con los soldados que “honraban a la patria en los campos de batalla”. Así, era también un deber de honor de que en los informes anuales de aquellos tiempos se recordara a los antiguos alumnos que “habían encontrado una muerte heroica al servicio de la patria”.

Como ejemplo, pueden servir los monumentos conmemorativos que se encuentran en los vestíbulos de casi todos los institutos tradicionales alemanes.

Los versos de Horacio, de que ‘es dulce y honoroso morir por la patria’, encontraron en aquel tiempo mucha más aquiescencia que en nuestros días, tras haber sufrido tantas vivencias llenas de dolor en las dos Guerras Mundiales.

Por lo demás, los efectos de la Primera Guerra Mundial, a decir verdad, se hicieron sentir también en el Colegio Alemán de Málaga, sobre todo, por las dificultades económicas.

Sin embargo, de los informes de los años de la guerra se puede sacar que estos problemas se tenían por pequeños con la gran cantidad de problemas a los que se tenía que hacer frente en la patria.

Así, el Director Koethke, en el 20 aniversario de la existencia del Colegio, en el año 1918, pudo presentar un informe que, en conjunto, sonaba optimista. En efecto estaba preocupado por el desarrollo futuro del alemán como lengua en la que impartir las clases, pues a comienzos del año 1918, el Colegio tenía 26 alumnos alemanes de los cuales sólo 10 hablaban alemán en sus casas. Sin embargo, el Colegio había aguantado bien una historia llena de vicisitudes y podía mirar al futuro con tranquilidad, del que se esperaba mucho tras el final de la guerra.

1918 – 1945

Die Deutsche Schule Málaga zwischen 1918 und 1945

La posguerra

(Del libro homenaje a la fundación del Colegio en Málaga en el año 1898; redactado por Detlev Devantié, ampliado y revisado por Annika Breitenberger)

Aunque históricamente el final de la Primera Guerra Mundial supuso un punto de inflexión, no significó ninguna ruptura para la vida escolar malagueña.

Wilhelm Koethke, que había llegado a Málaga por primera vez en 1903 y, de forma temporal, había servido de profesor auxiliar en el Colegio fundado tan sólo cinco años antes, regresó a Málaga en 1910 tras completar su formación, destinado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín a ocupar el cargo de Director del Colegio, un puesto en el que se iba a quedar hasta 1936. Con buen tino y habilidad supo guiar el Colegio a través de los problemas económicos y financieros que la guerra también había causado en España. Al comienzo de la guerra, los tres niños franceses habían abandonado el Colegio y veintisiete alumnos ingleses se marcharon a lo largo del año siguiente. En el transcurso de la guerra, unos cuarenta padres españoles escucharon el llamamiento de los Aliados (las llamadas “listas negras”, con las que los Aliados pretendían impedir la cooperación con empresas e instituciones alemanas, cortando así el apoyo a Alemania) y dieron de baja a sus hijos.

Así que, en 1918, en el vigésimo aniversario de su fundación, el Colegio se enfrentó a una situación bastante difícil. En el informe de la asociación sobre el curso 1918/19191 , destaca la queja del fuerte aumento de las solicitudes de exención de las cuotas escolares cuando al mismo tiempo se bloquearon los ahorros propios del Colegio y las subvenciones del Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín. El banco titular de la cuenta, el Banco Alemán Transatlántico, había congelado los pagos y ahorros del Colegio Alemán tras el final de la guerra para asegurar reclamaciones de empréstitos de guerra del Deutsches Reich. En una carta al Ministerio de Asuntos Exteriores, el cónsul de entonces, el señor Frömke, comenta:

“Como se desprende de la carta fechada el 16 de agosto del Banco Alemán Transatlántico, Madrid, dirigida al Colegio Alemán de Málaga, de la cual se adjunta una copia a esta instancia, la dirección del banco considera que, para cubrir el anticipo en pesetas al empréstito de guerra por valor de 10.000 marcos, tiene derecho a retener también los fondos transferidos por el Gobierno del Reich para el mantenimiento del Colegio Alemán de Málaga, especialmente para el pago de sueldos y salarios. Si esta opinión permanece inalterada, es de hecho la dirección del Banco Alemán la que le plantea al Colegio Alemán de Málaga la necesidad de suspender inmediatamente sus actividades después de veinte años de beneficiosa labor (…).”

Solo gracias a las generosas donaciones de particulares fue posible mantener el Colegio abierto hasta que un año más tarde, las cantidades procedentes de Alemania pudieron abonarse otra vez.

Formalmente, el Colegio terminaba con el noveno curso , la llamada “Obertertia”, pero en aquel año las clases del último curso tuvieron que suspenderse por la falta de profesores.

Pedagogía de reforma: ¿una salida de la crisis económica?

En vista del estado de escasez y de la rescisión del contrato de arrendamiento del edificio escolar, el Director Wilhelm Koethke desarrolló una idea que tomaba como punto de partida la pedagogía de reforma de aquellos tiempos: propuso la creación de una escuela al aire libre. El mencionado informe escolar dice:

“Propuestas de los abajo firmantes para la conversión del “Colegio Alemán” en Málaga en una “escuela al aire libre“ y para la fundación de una residencia.

Escuela al aire libre significa educación al aire libre.

No sólo se realizarán juegos y gimnasia al aire libre, sino que todas las clases que por su naturaleza lo permitan se impartirán al aire libre, bajo los árboles verdes, en una carpa abierta, siempre y cuando el tiempo sea favorable. Las zonas de juegos ofrecerán la oportunidad de gastar fuerzas y desfogarse, una necesidad forzosa para una juventud sana y fuerte desde tiempos inmemorables. Miramos a la juventud como es en realidad, entendemos su propio ser; no como una cosa sonante y tronante que nos recuerda nuestra propia infancia y sus miles de alegrías nostálgicas y pesares, sino como algo lleno de esperanza a nuestro lado que mira al futuro y se prepara para una vida llena de miles de voces y colores.»

Hasta aquí la propuesta de Wilhelm Koethke que a continuación se justificó principalmente por “el clima favorable” de Málaga.

El Director prosiguió afirmando que la „idea principal de la educación integral del mundo infantil“ era la frase: „mens sana in corpore sano“. Pero Koethke observó también que „el cumplimiento de este axioma“ apenas era posible en el sistema escolar convencional:

„Incluso admitiendo que el Colegio en su conjunto es superada por la mayoría sin perjuicio para la salud de su fresco y vivaz espíritu juvenil, para muchos es solo esto: una superación.

El aula no puede ser, aunque impere la mejor voluntad posible, el lugar para cuidar de forma eficaz cuerpo y alma de los jóvenes. Puesto que en la educación el cuidado del cuerpo no recibe la atención merecida, el equilibrio del alma sufre también. La pequeña mente se cansa en el aula, sigue trabajando con esfuerzo y aguanta a duras penas en las últimas horas. Para muchos, por desgracia, esa es la mañana escolar. Y después viene la mala tarde con los deberes a veces mal entendidos.

¡Cuán diferente se presenta todo al aire libre! La fatiga no tiene por qué aparecer en absoluto, ya que se tiene a mano una rica alternancia entre trabajo y juego y el cuerpo infantil se hace más resistente gracias al suministro constante de aire fresco.”

Seguro que hoy en día muchos alumnos y alumnas aplaudirían esta idea.

En este contexto histórico, también parecía importante recuperar a los alumnos españoles que habían abandonado el Colegio durante la guerra debido a las ”listas negras“. Y para complementar la institución de un Colegio al aire libre, se proponía crear también una residencia.

En primer lugar, se pasó la propuesta de la Dirección y la Junta Directiva al consulado de Málaga. El cónsul Frömke se opuso, entre otras cosas por motivos económicos:

„Por muy simpático que parezca, no puedo aprobar el proyecto de conversión del Colegio en un Colegio al aire libre como salvación de las dificultades financieras actuales, desarrollado con tanto cariño, ya que conozco las condiciones aquí al detalle desde hace treinta años. Ya en el año 1917 surgió un proyecto de traslado del Colegio que tuve que desaconsejar, alegando mis razones. (…)

Entretanto, los terrenos mencionados han sido ocupados por la Junta del Puerto, y si, en su tiempo, el Colegio se hubiera trasladado al Paseo de Heredia, todo el dinero se habría malgastado. El proyecto actual también da lugar a consideraciones”.

El informe escolar impreso afirma:

“Se podrían impartir clases al aire libre durante casi trescientos días”. Hasta ahora los días lectivos han sido sólo aproximadamente 220 (en 1919, sólo 213 días), de los que habría que restar tranquilamente todos los días de lluvia en el caso del Colegio al aire libre, porque con tiempo lluvioso, que degenera muy fácilmente en aguaceros tropicales, los padres españoles no enviarán a sus hijos a el Colegio al aire libre, y menos aún cuando no se puede llegar a ella en tranvía, como ocurre ahora, sino que hay que recorrer a pie un trayecto largo. Durante los meses de invierno, pasar tiempo al aire libre tampoco parece tan inofensivo. Las enfermedades del aparato respiratorio son especialmente frecuentes aquí en los meses de diciembre a febrero”.

La afirmación de la última frase en particular sigue siendo válida hoy en día, como el autor de este artículo sabe por experiencia propia.

Así pues, el proyecto del Colegio al aire libre fue archivado, sobre todo porque el patrocinador del Colegio, el empresario Martin Weinstein, propietario del solar destinado a albergar el Colegio al aire libre, rechazó el plan en una carta del 4 de septiembre de 1920 dirigida a la embajada en Madrid.

Había adquirido el terreno durante la guerra y lo había puesto a disposición del Reich como “sanatorio” para convalecientes, pero consideraba que el Colegio al aire libre o “escuela del bosque”, como él la llamaba, era “una idea predilecta del Director de Colegio Koethke en Málaga”, que, sin embargo, en su opinión, “había que descartar” para su propiedad.

No obstante, ofreció el terreno al Reich, ya que él mismo iba a trasladarse a Lisboa.

La compra del terreno y la institución del Colegio al aire libre no llegaron a hacerse realidad, y el Colegio permaneció como institución educativa convencional en la calle Trinidad Grund, 7/II.

Hasta el año 1930 no pudo adquirirse y ocuparse el nuevo edificio escolar, la Villa Lydia en la calle que más tarde se nombró calle Goethe.

Tiempos de inflación – mecenazgo en vez de subvención estatal

Tras el rechazo del establecimiento de una escuela al aire libre en Málaga, el mantenimiento del Colegio económicamente resultó muy difícil. La galopante inflación en Alemania hizo que las subvenciones del gobierno del Reich se esfumaran. Los déficits del Colegio se “cubrieron” en gran parte con donaciones privadas y préstamos de los miembros de la Junta Directiva de la asociación escolar y, además, el personal docente renunció a una parte de sus salarios. Sólo después de la introducción del Rentenmark a finales del año 1923, mejoró la situación económica en Alemania, comenzaron los llamados “dorados años veinte” y el Reich volvió a estar en condiciones de transferir importantes subvenciones. Igualmente, la política propugnada por el Ministro de Asuntos Exteriores Gustav Stresemann apostaba por los Colegios alemanes en el extranjero como factor importante de la política cultural exterior.

El Colegio Alemán de Málaga se convirtió en lugar de encuentro y centro de la vida cultural de los alemanes residentes aquí. La sala de lectura en las aulas del Colegio, instalada a iniciativa de algunos profesores y donde se disponía de periódicos y revistas, es por si sola una institución digna de atención.

No fue hasta el inicio de la crisis económica mundial, a finales de 1929, cuando se volvieron a producir importantes recortes en el presupuesto.

“Villa Lydia“ – Limonar Alto

A pesar de ello, en 1930 se consiguió cambiar el piso alquilado en el centro de Málaga, que servía de edificio escolar, por una casa comprada en el barrio residencial Limonar. Dª Maria Kusche, hija de Ernst Kusche, entonces presidente de la asociación escolar, puso a disposición del Colegio algunos documentos del legado de su padre, que demuestran lo difícil que fue financiar y comprar el nuevo edificio en aquella época.

El Director y su familia, pero también los miembros de la asociación escolar y los representantes de los padres, visitaban regularmente los barcos cruceros y mercantiles que atracaban en el puerto de Málaga, intentando llamar la atención de los viajeros alemanes sobre el Colegio con el fin de recaudar fondos para su financiación.

Otra parte de los medios financieros se obtuvo mediante actos benéficos como, por ejemplo, tómbolas.

La cantidad de treinta mil pesetas que finalmente faltó para la compra fue suplida por Dª Elisabeth Kusche, la esposa del Presidente de la asociación escolar. El Ministerio de Asuntos Exteriores aportó veinte mil marcos. Como muestra la siguiente carta, la Villa Castell estaba inicialmente destinada a ser el nuevo edificio del Colegio, pero debido a su ubicación, el tamaño de la propiedad y la naturaleza del edificio mismo, la comunidad escolar se decidió finalmente por la Villa Lydia.

El Colegio siguió creciendo y con sus cien alumnos y alumnas ocupó el tercer puesto en la Península en lo que al número de alumnado se refería, solo por detrás de Barcelona y Madrid. El comité de publicidad del Colegio Alemán distribuyó folletos publicitarios entre la población alemana de Málaga, solicitando financiación para el nuevo edificio del Colegio.

El éxito de la obra se plasma en un honor extraordinario: En 1932, la calle en la que se ubicaba el Colegio pasó a llamarse calle Goethe.

Evolución política de Europa en el tiempo de entreguerras

El final de la Primera Guerra Mundial había provocado la desintegración de las antiguas potencias y la aparición de estados nacionales en toda Europa:

Los Balcanes, estados nacionales en parte enemistados entre sí, se convirtieron en herederos de la antigua monarquía del Danubio y el Imperio Otomano, que estaba en proceso de desintegración.

En Italia, el descontento con los resultados de las conferencias de paz provocó el ascenso de Mussolini y del fascismo italiano.

La joven República de Weimar no consiguió el arraigo de los principios democráticos, por lo cual permaneció, en palabras de un historiador, como una „república sin republicanos“.

El imperio zarista fue eliminado por la Revolución de Octubre, y Rusia se apartó así de una política paneuropea en favor de la idea de exportar la revolución a otros países.

Los Estados Unidos, partícipes en la guerra en el bando de los aliados desde abril de 1917, se retiraron a su continente americano una vez acabada la guerra y tampoco participaron en la Sociedad de las Naciones de Ginebra, cuya fundación se debió a la iniciativa del presidente americano, Wilson.

España entre 1919 y 1936

En cambio, España, que había experimentado un auge económico durante la Primera Guerra Mundial debido a su neutralidad, era miembro fundador de la Sociedad de Naciones.

Pero tampoco aquí, en el suroeste de Europa, pudo desarrollarse una democracia estable a raíz de las debilidades constitucionales y económicas.

Numerosos gobiernos se sucedieron en los años de 1917 a 1923, y a partir de éste, el General Primo de Rivera gobernó primero mediante un directorio militar y desde 1925 hasta 1930, como primer ministro de un gobierno civil. Cuando en 1931 los republicanos ganaron las elecciones municipales, el rey Alfonso XIII abandonó el país y España se convirtió en una república. Sin embargo, los años siguientes no dejaron de ser años turbulentos: la polarización de la sociedad española en alas políticas radicales no permitió ningún desarrollo tranquilo. A esto se añadían grandes dificultades económicas. La victoria electoral en 1936 del Frente Popular formado por republicanos, socialistas, comunistas y sindicalistas provocó una gran inquietud entre la población burguesa y conservadora, y finalmente se produjo un golpe de estado del ejército español en Marruecos al mando del general Franco, que desembocó en la Guerra Civil.

Málaga durante la Guerra Civil

La ciudad de Málaga se vio especialmente afectada desde el principio. La Sra. Kusche relata que bandas incontroladas desvalijaban a los alemanes, pero por supuesto también a otros extranjeros en Málaga, las casas y fincas fueron ocupadas y/o expropiadas; el orden prácticamente se derrumbó. Los alemanes abandonaron Málaga y esperaron el curso de acontecimientos. El edificio y el jardín del Colegio fueron ocupados y saqueados, los archivos del Colegio se perdieron.

„Aquí andaba el diablo suelto“, dice la señora Kusche al hablar de sus recuerdos de aquella época. „Cualquiera que hubiera llevado corbata en algún momento o que viviera en una casa normal fue asesinado (…) por una chusma desatada que actuó con total independencia de cualquier liderazgo político. Usted tiene que entender que aquí la gente vivía en la miseria más grande. La gente estaba mal pagada, no tenía ni para comer. Ahora, aquí en Málaga precisamente no había clase explotadora alguna, porque la así llamada sociedad malagueña, la gente con nombre y renombre y gente que alguna vez había tenido dinero, estaba totalmente empobrecida. Seguramente ha oído hablar alguna vez de la filoxera.

Málaga era famosa y rica por su vino. Y allí estaban las grandes bodegas cuyos propietarios también comerciaban con el vino. De un día para otro, entró la filoxera y apenas se pudo hacer nada contra ella. En pocos meses, fincas enteras se quedaron en la ruina.

No obstante, estos antiguos ricos seguían siendo dueños de sus casas, de su antiguo lujo, seguían llevando la cabeza bien alta, y eso se lo tomaban muy a mal. Por eso se metieron en sus casas. Cuando volvimos de Alemania, yo era todavía una niña de unos siete u ocho años, en toda la calle que lleva más allá de la Plaza de Toros, en la así llamada Caleta, no había ni una sola casa que no estuviese totalmente desvalijada o incluso incendiada.

Mi padre tenía una casa en lo alto del monte, además éramos extranjeros y teníamos una gran bandera de la Cruz Roja colgada en la terraza, con la idea de que la gente la respetase. Una bandera alemana no nos habría servido para nada en aquel momento. Durante los disturbios, veintiocho familias habían vivido en esa casa. Cuando las tropas franquistas habían tomado Málaga y ya no había peligro para su vida, mi padre regresó en barco a Málaga, pasó por delante de las casas vecinas quemadas y llegó a la suya propia justo para salvar del fuego todos sus libros, que ya se encontraban en una enorme hoguera para ser quemados.

Los objetos de valor habían sido requisados. No fueron robados por particulares. Más tarde podías presentar una lista del inventario confiscado y, en la medida de lo posible, uno recuperaba su propiedad.

Tras la llegada de Franco, las cosas volvieron a ser más tranquilas para los alemanes, aunque no más agradables en el sentido ideológico.

Muchos, que ahora se encontraban atrapados entre dos ideologías igualmente detestadas se retiraron a la vida privada (…)

Mi padre se encontró enseguida cara a cara con el otro bando. Llegó a Málaga y vio que muchas de las antiguas familias habían sido fusiladas a montones.

Hicieron su entrada las tropas franquistas, y acto seguido encarcelaron a media Málaga, en condiciones terribles, y empezaban a fusilar a mucha gente, parte de la cual ni siquiera había hecho nada. Otros huyeron a las montañas. Y, me acuerdo exactamente, cada día venía gente por docenas y le pedía a mi padre: ‚Ay, don Ernesto, usted nos conoce desde hace tanto tiempo, mi novio está en la cárcel y no ha hecho nada‘. Entonces mi hermano y mi padre negociaban con las autoridades, utilizaban sus contactos y así pudieron ayudar a mucha gente.”

Hasta aquí el extracto de la conversación con la Sra. Kusche, en la que describe de forma plástica la época de la Guerra Civil, sobre todo su impacto en la población alemana de Málaga.

En febrero de 1937, las tropas franquistas conquistaron Málaga y, aunque el frente de la encarnizada guerra civil se extendió durante dos años a sólo unos cien kilómetros al este de Málaga, la vida volvió pronto a la normalidad y también se reanudaron las clases en el Colegio Alemán.

El Colegio Alemán después de la era Koethke

Después de que Hitler se convirtiera en Canciller del Reich en Alemania en enero de 1933 y de que él y el NSDAP utilizaran el poder legalmente adquirido para forzar la total unificación ideológica de todas las organizaciones políticas y sociales, los objetivos de los Colegios alemanes en el extranjero también cambiaron.

En el informe sobre el curso escolar 1937/38 del Colegio Alemán de Málaga se lee:
„El final del curso 1935/36 tuvo un cierto significado para nuestro Colegio en tanto que nuestro Director, D. Wilhelm Koethke, nos dejó tras veintiséis años de servicio para regresar definitivamente a Alemania. Esto nos dio la oportunidad de introducir el espíritu de la nueva Alemania en nuestra escuela mediante la contratación de un nuevo director, más joven y formado en las ideas nacionalsocialistas.”

La nueva Junta Directiva se alineaba así con lo que el Reich alemán exigía a un profesor enviado al extranjero por sus autoridades:

„Solo aquellos profesores que (…) según su personalidad y su fidelidad a la política nacional parecen aptos para un empleo en el extranjero pueden ser admitidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores al servicio de los Colegios alemanes en el extranjero“.

El agradecimiento de Alemania no se hizo esperar: En lugar de tres, como se esperaba, el Ministerio de Asuntos Exteriores envió ahora a cinco nuevos profesores, y el número de alumnos pasó de los cien de antes de la Guerra Civil a 143 en el curso escolar de 1937.

Aparte de las clases normales que comenzaban con Educación Infantil y llegaban hasta el noveno curso, el Colegio continuó ofreciendo sus cursos preparatorios para el Bachillerato español y sus cursos de alemán por la tarde.

El número de alumnos creció constantemente en los años siguientes, y en 1938 se ampliaron los edificios del Colegio con anexos; entonces asistían 187 niños al centro de Educación Infantil y al Colegio.

Incluso durante la Segunda Guerra Mundial, estas cifras no descendieron significativamente; en el curso escolar 1944/45, las estadísticas del informe al Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín seguían registrando 153 alumnos.

En general, la vida de los profesores y profesoras alemanes cedidos por Alemania era tranquila y sin incidentes llamativos en la España neutral.

Esto pudo deberse en parte a que el gobierno alemán tenía gran interés en demostrar lo fácil que era mantener la normalidad de la vida incluso en tiempos de guerra.

„Para muchos españoles, el hecho de que el Colegio Alemán siguiera existiendo como en tiempos de paz era señal de la fortaleza de Alemania. El funcionamiento del Colegio les parecía a algunos como una isla de tranquilidad en medio del oleaje de opiniones políticas que se contradecían las unas a las otras a diario.“

A pesar de toda la aparente normalidad, los acontecimientos de la guerra no podían, por supuesto, pasar del todo desapercibidos:

„En la medida de nuestras posibilidades, intentamos apoyar a los soldados en el frente.”

Se organizaron colectas de dinero y libros para estos soldados y, además, los profesores del Colegio se ofrecieron voluntarios para trabajar en empresas de importancia bélica en Alemania.

El transporte escolar ya se veía dificultado desde 1940. El control ejercido por Inglaterra sobre la importación de carburantes en España había llevado a un racionamiento de la asignación de gasolina a los consumidores privados. La compañía de autobuses, que hasta este momento había y que llevaba a los alumnos al Colegio y también los recogía, tuvo que interrumpir estos trayectos en favor del transporte público. Un intento de transporte escolar en tranvía fracasó. Había retrasos y se temía que muchos padres fueran a dar de baja a sus hijos. Sin embargo, en el informe escolar de 1943 consta que el Colegio había conseguido adquirir su propio autobús:

„(…) que lleva a los alumnos casi hasta la puerta del Colegio y los vuelve a recoger a la hora del almuerzo.

Aunque se alimenta de gas de madera, rara vez nos ha fallado. Para los padres, es un gran avlivo que los alumnos ya no tengan que ir andando al Colegio.“

A pesar de todo, las referencias a la guerra siguen siendo superficiales y casuales y fuera de las citadas notas marginales, el informe sobre los años 1942/43 apenas difiere de un informe de preguerra.

Debido a la guerra, muchos alemanes se habían marchado de Málaga, por lo que el número de alumnos españoles había aumentado considerablemente en comparación con el de los alemanes. De 162 alumnos en total, 43 eran alemanes, 118 tenían nacionalidad española y un italiano asistía a el Colegio junto a ellos.

El constante crecimiento del número de alumnos conllevó que ya en 1941 hubiera intentos de ampliar aún más el edificio del Colegio y de Educación Infantil. La siguiente carta se dirige al Consulado General de España en relación con la solicitud de ayuda para la construcción.

La carta del Director a la Junta Directiva demuestra la necesidad de la ampliación del edificio escolar y del centro de Educación Infantil.

En la solicitud, se justifica la ampliación de los edificios escolares, además con el efecto propagandístico. „Si el plan se lleva a cabo, tendremos con diferencia el mejor edificio escolar de toda Málaga. El efecto propagandístico será grande. Tiene que serlo, porque la competencia de un Colegio jesuita de reconocida tradición y de numerosos Colegios religiosos es extraordinariamente grande. Podemos llamar fácilmente la atención con edificios destacados y hermosos jardines“. Se adjuntan los planos de construcción de las ampliaciones previstas.

El inicio de las obras estaba previsto para el 10 de julio de 1943, y existe un documento del 17 de septiembre de 1944 para la subvención de una nueva ampliación del edificio escolar y de Educación Infantil, de lo que se deduce que las obras de construcción se iniciaron según lo previsto. Desgraciadamente, no hay constancia en los documentos de hasta qué punto se había completado el proyecto de construcción cuando terminó la guerra. La rendición incondicional de Alemania el 8 de mayo de 1945 marca también el final de la historia del Colegio Alemán de Málaga. Dieciséis profesores impartieron clases hasta que el Colegio fue clausurado por las autoridades españolas.

Sin embargo, las estadísticas de alumnos del curso 1944/45 muestran que el número de alumnos seguía aumentando de forma constante hasta el cierre del Colegio.

El último documento escrito disponible es una carta del Presidente de la asociación escolar, D. Carlos Schroeder Mercken, fechada el 22 de abril de 1945 y dirigida al tesorero del Colegio Alemán, cargo que ocupaba desde 1940 el cónsul Emil Küstner. En su carta, el Presidente da cuenta de su presidencia y dimite de su cargo con la esperanza de que „se encuentre muy pronto un nuevo miembro para la Junta Directiva de la asociación escolar“. El Presidente dimisionario no da más indicaciones sobre el motivo de su dimisión; aparte de eso, la carta es un estado de cuentas completamente comercial y de apariencia normal, en el que se aclaran cuestiones sobre el transporte en autobús y las cuotas escolares pendientes.

El gobierno español, aunque inicialmente estrechamente vinculado al gobierno nazi por su propia historia, ya se había adherido al Acuerdo de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional) en 1944. A partir de 1945, el gobierno se comprometió en este contexto a registrar y bloquear los bienes alemanes.

Así que se cerraron todos los Colegios alemanes en España y se confiscaron sus edificios y bienes.

La Villa Lydia tampoco escapó a este destino. El edificio del Colegio confiscado se vendió más tarde y hoy ya no existe.
Hubo que esperar veintiún años para que el nuevo „Colegio Alemán de Málaga“ se inaugurara, bajo condiciones distintas, ya no en la propia capital de la provincia, sino en la montaña del término municipal de Ojén, cerca de Marbella. El cambio de ubicación obedecía al hecho de que, entretanto, muchos alemanes se habían asentado en la costa entre Málaga y San Pedro de Alcántara, mientras que ya no existía una colonia alemana en Málaga como antes de la guerra. En sus respectivas contribuciones a esta crónica, el Cónsul General Hoffmann y el Dr. Zurawka relatan detalladamente la historia del „nuevo“ Colegio Alemán después de 1966.